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Baby Led Weaning: o cómo criar a niños disfrutones (que...

Baby Led Weaning: o cómo criar a niños disfrutones (que coman pimiento)

BLW. Baby Led Weaning. Suena a chino mandarín pero, ¿qué es? Te lo resumimos rapidito: es el secreto para criar a niños disfrutones que gozen de la comida y coman (casi) de todo. Lo hemos testado con nuestra bebota, Lana, desde los 6 meses. Y ahora te contamos nuestra experiencia con “platos y señales”.

 

Nuestra bebé al poco de empezar a hacer BLW con fruta.

La primera vez que vimos a nuestra sobri de 1 año comerse un platazo de brócol como si fueran patatas fritas flipamos. La cosa no se quedó ahí. En la mesa de Nochevieja la peque señalaba con una determinación pasmosa los langostinos: “¡eso, eso!”, decía ella, rechazando enérgicamente potitos y cremitas para bebés. Entre sus platos favoritos también estaba el “¡peixeeeee!” (pescado en gallego) y otros tantos más de los clásicos odiados de las listas de favoritos de los niños. Ver comer a nuestra sobrina era un espectáculo. Sobre todo para Susana, que creció siendo la ‘repus’ de la familia: apartaba los ‘OVNIS’ del plato, odiaba las verduras y no comió tomates, ensaladas, ni ‘bichos’ (en esta categoría entra cualquier cosa con ojitos y patitas) hasta pasados los 20 años.

¿Cómo era posible que nuestra sobri comiera tan bien? ‘Potra’, diréis algunos. Y oye, puede ser. Pero el hecho es que sus padres hicieron con ella BLW. El BLW significa, literalmente ‘Destete guiado por el bebé’. El nombre es un pelín confuso (además de impronunciable) porque para practicar el BLW no es necesario que el bebé haya tomado pecho: cualquier bebé puede hacerlo. Así que, para entendernos mejor, podemos hablar de ‘alimentación dirigida por el bebé’. En resumen, el BLW es un método que nos ayuda a introducir de forma respetuosa y exitosa los alimentos sólidos en la dieta del bebé que los comerá de forma autónoma con sus propias manos.

 

Nuestra experiencia haciendo BLW con nuestra bebé Lana

¿Cúando se empieza a hacer BLW?

Desde el principio tuvimos clarísimo que íbamos a hacer BLW con Lana. Queríamos criar a una pequeña disfrutona amante de la comida. Así que en cuanto Lana se aproximó a los seis meses compramos todo el kit para hacerlo: platito con ventosa y babero de silicona (en realidad compramos muchooos baberos) y, cómo no, el libro de Juan Llorca, ‘Sin Dientes y a lo bocados’, uno de los superventas de BLW.

Nos informamos muchísimo y descubrimos que para empezar a practicar BLW es necesario que el bebé cumpla tres requisitos:

1) Que tenga al menos 6 meses.

2) Que sea capaz de mantenerse erguido, aunque no sepa sentarse solito (esto es muy importante para que, en caso de atragantamiento, el bebé pueda expulsar la comida).

Y 3) que tenga interés por la comida (este requisito al principio nos resultó confuso. Lo entendimos cuando Lana empezó a querer robarnos literalmente todo lo que nos llevábamos a la boca (¡hasta el vino!).

¿Y los dientes? Te estarás preguntando (nos pasa a todos). Pues no, no hace falta que el bebote tenga ni uno solo. Nuestros pequeños monitos son perfectamente capaces de comer alimentos debidamente preparados para ellos solo con sus encías. La naturaleza es así: alucinante.

 

¿Y si no come lo suficiente? ¿Y si se atraganta?

Volviendo la vista atrás todo parece súper sencillo. Pero en aquel momento a nosotros nos parecía complicadísimo. En Internet leíamos unas cosas, pero después nuestra pediatra nos hablaba de ahogamientos, nos metía miedo diciendo que la niña ‘comería poco’ y nos recomendaba que le chutáramos procesados de cereales azucarados y papillas (sí, por desgracia esta clase de pediatras existen). Nos informamos más y descubrimos que, de hecho, hace ya años que la Asociación Española de Pediatría le ha dado su bendición al BLW (se cree que fomenta hábitos saludables en los peques desde el principio, que puede disminuir la obesidad infantil -ayuda a los peques a auto regularse y parar cuando están saciados- y se sabe que desarrolla habilidades como la pinza, la masticación o la deglución lo que, de hecho, disminuye las probabilidades de atragantamientos futuros-. Pero vamos a abordar estos mitos uno a uno, con dato científicos y con nuestra experiencia.

¿Los niños que hacen BLW comen menos? Una de las frases míticas que escuchamos los papis que hacemos BLW es esa de que  “es que en el puré le metes de todo, pero en los niños que hacen BLW comen como pajaritos”. Cuando la escuchamos Fabio y yo nos miramos el uno al otro y nos reímos por lo bajini: obviamente estas personas no han visto comer a nuestra hija, que es capaz de engullir la ración de un adulto sin miramientos (¿dónde meterá tanta comida?). No siempre es así: a veces Lana no tiene hambre y no come o come muy poquito. Y no pasa nada. Los niños que hacen BLW aprenden a auto regularse: cuando tienen hambre comen y cuando no, pues no. Desde muy pequeñitos escuchan las señales de su cuerpo y eso es maravilloso. Pero miremos a la ciencia: ¿los niños que hacen BLW tienen un mayor riesgo de tener déficits nutricionales de cualquier tipo? Pues la verdad es que, citando al estudio de JAMA Pediatrics recogido por El País, no: “Los bebés alimentados mediante el método baby-led weaning no presentaron diferencias, con respecto al resto de bebés, en marcadores como el riesgo de anemia, la tasa de crecimiento o el peso corporal (ni por defecto ni por exceso)”.

¿Y qué hay de los atragantamientos y los ahogamientos? (ojo, que no es lo mismo atragantarse que ahogarse: lo primero es normal y todos los bebés pasan por ello; lo segundo, no).  Los datos científicos que hay no constatan un mayor número de atragantamientos en niños alimentados con BLW. ¿Y los ahogamientos? Pues lo mismo: no hay diferencias significativas.

Todas estas afirmaciones son muy razonables. Pero cuando uno se convierte en papá conoce el MIEDO. Así, con mayúsculas y luces de neón. Y la primera vez que ves a tu tierno bebé agarrar un cacho de pan (y no llegamos ya uno de ternera) y llevárselo a la boca te haces pipí encima. Así de claro. ¿Y cómo lo afrontamos nosotros? Pues confiando en nuestra pequeña. Sabíamos que ella estaba preparada y que su cuerpo, aunque pareciera imposible, sabía comer. Nuestra primera vez hicimos de tripas corazón, nos plantamos una sonrisa en la cara, creamos un ambiente divertido y familiar para comer y pusimos a nuestra hija un plato con un fruta madura cortada en trozos grandes que ella podía sostener fácilmente y gestionar con sus encías (no nos preguntes cual, porque no nos acordamos). Verla comer fue una auténtica gozada: su cara de felicidad, sus ojitos brillantes de emoción. En aquel instante supimos que nuestra nena era una disfrutona en potencia y que habíamos tomado la decisión correcta.

 

Los bebés que hacen BLW no necesitan platos especiales para ellos, pero de cuando en cuando puedes hacerles algo como esta hamburguesa vegana de garbanzos (¡que también es estupenda para papis sanotes!).

¿Cómo se introducen los alimentos en BLW?

A partir de ahí seguimos el método al dedillo y empezamos a introducir los alimentos poco a poco, dejando un margen de 2 o 3 días cada vez para identificar posibles alergias. Se los presentábamos a Lana tal cual, sin condimentos ni florituras (y, por supuesto, sin sal), crudos (en el caso de la fruta), asados, a la plancha o cocidos. Entre los 6 y los 8 meses introdujimos frutas, verduras y hortalizas. Sobre los 9 nos pusimos a tope con pescados, carnes y huevo (este en concreto es más delicado porque puede provocar alergias: nosotros no tuvimos problemas). Antes del año Lana también tomaba derivados lácteos como yogur o mantequilla. Todo fluyó como la seda (no siempre es así, algunos nenes tienen alergias o son intolerantes a algunos alimentos). En Internet hay muchísima información sobre esto, tablas orientativas y otros materiales que podéis descargaros para introducir los sólidos e incluso cursos online súper asequibles o apps de apoyo con recetas e ideas. En nuestra experiencia nada de esto es tan necesario: una vez que sabes cómo se preparan los alimentos y conoces cuáles son los que pueden suponer un riesgo (por atragantamiento o por alergia) todo lo demás es sentido común y alguna búsqueda esporádica en Google.

 

Entonces, ¿recomendaríais el BLW para mi bebé?

Solo tenemos palabras buenas para el BLW. Lana se lo pasa pipa comiendo sola y, en contra de lo que habíamos imaginado, la experiencia ha resultado ser bastante limpia (en serio, teníamos pesadillas en las que había aguacates colgados de las lámparas). Vale, a veces la peque se pone el brócoli de sombrero. Pero normalmente es cuidadosa con su comida, e incluso con su plato. Hace tiempo que observamos que no necesitamos usar platos con ventosa, ni siquiera platos de silicona: si hay  comida encima, Lana nunca los tira al suelo.

Otra creencia que hemos desterrado es la de que el BLW nos iba a llevar muchísimo tiempo (que, por supuesto, no tenemos). No ha sido así. Cocinar los platos al principio resultó sencillísimo (cocer un calabacín; untar un aguacate en una tostada, hervir arroz, hacer una tortilla francesa …). Después, cuando Lana ya podía compartir nuestra propia comida (más o menos a partir del año) todo se volvió aún más fácil. Le damos lo mismo que comemos nosotros y chispún. Si hay alguna cosa que ella no puede comer (por ejemplo embutidos -muy salados- o alimentos crudos) apañamos algo rápido. En la mesa el BLW nos ha resultado siempre fantástico: Lana es una más y come sola (esto para ella es un subidón), lo que nos libera para disfrutar nosotros. Una maravilla, vamos.

A estas alturas estarás pensando que todo es demasiado bonito para ser verdad. Y lo es. Aunque, por supuesto, hemos tenido sustetes. Al principio, cuando Lana era muy pequeña, panicábamos bastante: a veces la nena se metía en la boca un trozo descomunal de algo y a nosotros se nos ponía la cara blanca como a Casper de puro terror (en estos casos es súper importante mantener la calma, confiar en el niño y NUNCA quitarle la comida de la boca para no generarle miedo: si no pueden gestionar algo ellos lo escupen); otras veces Lana tosía un poquito y nos lanzábamos a hacerle la maniobra de Heimlich en plan Mitch Buchannon. Con el tiempo aprendimos a confiar en nuestra hija y descubrimos maravillados que la naturaleza es sabia y nuestros bebés son mucho más capaces de lo que los adultos creemos.

 

No existen fórmulas mágicas para que un niño coma bien, pero los que han hecho BLW tienen una relación más positiva y más sana con la comida que les da muchas papeletas para convertirse en auténticos disfrutones. PD: apuntaros el babero de manga larga de Liewood y el de silicona de Mushie, ¡son de lo mejorcito y monísimos!

Todo muy bonito, ¿pero la niña come pimiento o no?

Y llegamos a la pregunta del millón: ¿funciona el BLW? ¿Si un niño hace BLW va a comer pimientos de Padrón, brócoli, alcachofas, pescadito y ensalada tan feliz como si le das unos espaguetis con tomate? Pues hijo, igual sí o igual no. O, más bien, igual un día sí y otro no. Y al siguiente otra vez sí.

Una cosa que hemos aprendido es que el gusto no evoluciona de forma lineal. Si los adultos pasamos por etapas en las que amamos algo y luego lo aborrecemos (o viceversa) los niños no iban a ser menos. El BLW facilita que los niños desarrollen una actitud disfrutona ante la comida, que sean abiertos de mente y tengan ganas de probar y que desarrollen menos fobias a texturas y sabores nuevos. PEEERO eso no quiere decir que si un nene comía coliflor tan happy con 9 meses con 2 años no prefiera un cacho de pizza chorreante de queso. Los primeros alimentos que Lana ha aprendido a nombrar no han sido los tomates y las berenjenas, sino la “pissaaaaaa” (pizza), las “patatitassss”, la “totillaaaa” y la “tataaaaa” (tarta). Y eso pese a que en casa no le damos ni tarta, ni patatitas. ¿Cómo te quedas?

En conclusión: el BLW no es una fórmula mágica para crear niños sibaritas. No existen las fórmulas mágicas. Pero empodera a los peques, refuerza su autoestima y les ayuda a crear una relación positiva, sana y de disfrute con la comida que facilita que -con sus idas y venidas, como todos- sean buenos comedores. Así que, ¿recomendaríamos el BLW? Si nos conoces sabes que nos encanta comer porque creemos que comer es amar y, sobre todo, es disfrutar. Y en eso exactamente consiste el BLW. Así que, sin lugar a dudas, SÍ. Te animamos a que te lances y lo pruebes con tu bebé. Vais a pasároslo pipa. Palabra de disfrutones ; )

Con cariño,

Susana, Fabio & Lana


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