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Sala de Despiece: placer y extravagancia

Sala de Despiece: placer y extravagancia

SALA DE DESPIECE

COCINA

DE MERCADO

PRECIO POR PERSONA

25-30 € (con vino y postre)

♥︎ ♥︎ ♥︎

En uno de nuestros post anteriores hablábamos de lo importantes que son las primeras impresiones en hostelería. Existen ciertos locales, como Mr Frank, que nos enamoran antes de poner un pie en ellos: sea lo que sea que sirvan en su interior, su estética ya nos predispone a adorarlos. La ‘Sala de Despiece’ (calle Ponzano), uno de los espacios de moda últimamente en la capital, no es uno de ellos. Y, ojo, que no estamos diciendo que sus dueños hayan descuidado la decoración, porque han hecho todo lo contrario. Nos explicamos: imaginad un espacio reducido e incluso agobiante con un aire semejante al de una carnicería, pescadería o quizás un matadero. Las paredes están revestidas de azulejos blancos y cajones de pescado de polispán, el tirador de la puerta de entrada es el de una cámara frigorífica, afilados cuchillos de carnicero decoran la estancia y del techo cuelgan ganchos para colgar reses muertas. Ideal, ¿no? Lo mismo pensamos nosotros cuando nos lo describieron.

 

Sala de Despiece - Restaurante tapas Madrid

 

Y, sin embargo, La Sala de Despiece está muy lejos de ser un infierno. Muy al contrario, este particular local es uno de los más animados y extravagantes que puedes visitar en Madrid. Y además se come de maravilla. ¿Su propuesta?: La Sala de Despiece lleva al paroxismo el concepto de cocina de mercado con una selección de tapas confeccionadas con productos -esencialmente españoles- de primera calidad y una carta de estupendos vinos como acompañamiento. Es imposible encontrar un local en Madrid donde el ambiente y la cocina sepa más a mercado.

 

Sala de Despiece - restaurante tapas Madrid

Sala de Despiece - restaurante tapas Madrid

 

La aventura empieza en cuanto uno consigue hacerse (con bastantes dificultades) un hueco entre los corrillos de amigos que ríen, comen y beben a pie de barra. Tras captar la atención de uno de los ocupadísimos pero simpáticos camareros vestidos de operarios -trabajan con un Ipad en el que te abren una comanda a tu nombre- te encuentras con una originalísima carta en la que se indica a ‘boli’ el ‘género’ del día, su preparación, los ingredientes utilizados, el lugar de procedencia y los gramos incluidos de cada materia prima.

Aunque la oferta es muy cambiante, todos los platos están basados en ingredientes básicos de primerísima calidad -exquisitos pescados, carnes, mariscos, verduras y quesos- preparados de forma creativa, pero sin eclipsar nunca al producto principal.

En cuanto a precios, la mayoría de las tapas tienen un coste moderado (entre 4 y 10 euros), lo que incita a pedir sin freno. ¡Ojo! : está todo tan bueno que la cuenta puede dispararse.

 

Carta Sala de Despiece - restaurante tapas Madrid

 

– SALA DE DESPIECE, PLATO A PLATO –

Nuestra degustación comenzó por un plato originalísimo y excepcional -que venía con una presentación, al igual que todos los platos, totalmente rompedora: en bandeja de metal y papel típico de envolver productos frescos-. Se trataba de un chuletón cenital, uno de los platos estrella de la carta: nada más y nada menos que carpaccio de chuletón, acompañado de tomate triturado y trufa, aceite de oliva y lascas de sal (se toma enrollando el carpaccio hasta formar un rollito). Increíble.

Chuletón cenital - Sala de Despiece - restaurante tapas Madrid

Chuletón cenital

 

Seguimos con un ceviche de corvina, el tradicional plato peruano que estaba a la altura del que ofrecen en los mejores restaurantes peruanos de Madrid. Con el toque de vinagre justo y muy fresquito, entraba de maravilla, a pesar del frío. 

Ceviche de corvina, Sala de Despiece - restaurante tapeo Madrid

Ceviche de corvina

 

Como acompañamiento escogimos una burrata (queso italiano hecho de mozzarella y nata, de los pocos platos en la carta sin denominación de origen patria), destripada y acompañada de pesto, lascas de sal y tomatitos. Era uno de los platos más caros de la carta (13 euros), y con razón: la ración era inmensa y aunque estaba buenísima nos costó finiquitarla entre dos.

Burrata con pesto, Sala de Despiece - restaurante tapeo Madrid

Burrata con pesto y tomatitos

 

También nos apetecía probar algo calentito, así que fuimos a por un exquisito huevo frito de corral con foie y trufa. Simplísimo, pero delicioso (a veces menos es más): ¡rebañamos hasta la última gota!.

Seguimos con unos champiñones a la plancha sabrosísimos, con un toque de salsa teriyaki. Quisimos pedirnos unas patatas gallegas al horno, pero desgraciadamente, ya se habían acabado. Nos decidimos por una cecina: un embutido tradicional acompañado de crema de pistachos: estupenda, aunque con un sabor menos sorprendente -claro está- que el de otros platos.

Huevo de corral con trufa en Sala de Despiece - restaurante tapas Madrid

Huevo de corral con trufa

Champiñones a la plancha en Sala de Despiece - restaurante tapas Madrid

Champiñones a la plancha

Cecina de León en Sala de Despiece - restaurante tapas Madrid

Cecina de León

 

Los postres no son el punto fuerte de la Sala de Despiece (falta variedad), pero el único que tienen (flan de queso con distintos acompañamientos) está conseguidísimo. No es que un flan sea lo más excitante para poner el broche final a una cena, pero este-con dulce de leche y quinoa-  tenía un nosequé que nos hizo rebañar el tarro de cristal hasta el final.

Flan de queso en Sala de Despiece - restaurante tapeo Madrid

 

Antes de despedirnos, damos un repaso a los estupendos vinos de este local. Aunque nos quedamos sin probar el Ribera del Duero Terrible (no lo tenían por copas), disfrutamos degustando tres vinos estupendos: Viridiana (un ribera del Duero joven 100% tempranillo), Pazo de Barrantes (un clásico albariño de la tierra de uno de los que escribe estas líneas) y Honeymoon (un moderno blanco del Penedés con uva parellada muy, muy afrutado).

Como podréis imaginaros a estas alturas, a nosotros sí se nos fue la experiencia de las manos -no lo pudimos evitar-: acabamos pagando algo más de 30 € por cabeza, un precio quizás excesivo para una comida informal y de tapeo, pero que en este caso lo merecía, por la gran calidad de todos los productos, y porque al fin y al cabo jamás habíamos estado en un sitio remotamente parecido a este.

¡Buen provecho!

LET’S GO, BABY!

DIRECCIÓN

C/ Ponzano 11 (Metro Alonso Cano) – Ver en Google

NO ADMITEN RESERVAS


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  1. Avatar
    sergio

    5 diciembre

    Copio una opinion que escribí para otro blog, a través del cual conocía el lugar.

    El otro día como hacía buen tiempo decidí ir paseando hacia Callao y caminando por la acera de enfrente, una vez pasado, al mirar para atrás vi la puerta con el nombre. Así que recordando la buena crítica que había leído decidí darme la vuelta y echarme un par de cervezas para comprobarlo in situ.

    La experiencia pues como cuanto a continuación.

    Una vez dentro el local es bonito, diferente. Bueno en las fotos lo veis. En ese momento un aforo de algo más de un tercio de la capacidad calculo y la barra con 3 camareros. Lo primero que pensé fue que perfecto, un local no muy amplio con 3 camareros y dado que en muchos sitios tienen al mínimo posible de personas no dando éstas a basto. Pensé –error mío- que darían un rápido y buen servicio.

    Pues nada pasé hasta el medio y me puse en la barra. Un rato y nada, como invisible. Allí había 2 camareros con sus tablet -parece ser que al que atienden le apuntan las comandas ahí- y otro sirviendo.

    Al cabo de un rato, la camarera suelta la tablet y sale de la barra a recoger un par de vasos. Vuelve, me mira, la saludo y sin respuesta. Coge la tablet y cabeza para abajo. ¿Pensaría que quería ligar?

    Viendo que no me atendían pasé más adelante hacía la parte de la barra donde tenían expuestas las gambas y no recuerdo que más. Pues nada invisible continué allí durante un rato.

    Ya de repente uno por fin vino donde estaba yo, que continuaba mirando la barra con las manos encima a punto de poner las palmas hacia arriba en plan pedigueño. Se para delante de mi -justo al otro lado de la barra, frente a frente, un metro o lo que mida de ancho-, levanta la cabeza de la tablet …¡y se pone a atender a unos que estaban 1metro detrás de mí!

    Así que alucinando. Como llegué, pero ahora mosqueado, me fui.

    Eso sí, pensando en encontrar algún banco de camino para aprovechar mi invisibilidad y robar el botín.

    Tras el ensayo anterior que me ha quedado, algunas apreciaciones:
    – No tengo 15 años que pudiera pensar que iba con mis papas y no me dejan pedir (más del doble tengo ya);
    – No estaba en la barra rodeado de 30 personas que fuera difícil verme es más llevaba unos vaqueros y en la parte arriba ropa con un tono azul algo “llamativo” no un color claro que pueda pasar más desapercibido;
    – No estaba hablando con nadie que pudieran pensar que estaba atendido;
    – No soy Sabonis pero mido más de 1’70, suficiente para que se me vea por encima de la barra;
    – No iba con el mono del trabajo porque en el despacho no hace falta que vistamos así y además los sábados no trabajo (además de que quien va en mono tiene el mismo derecho a que le sirvan);
    – Tampoco iba con el perro y la flauta, iba bien vestido.

    La razón para no atenderme la ignoro. Quizás debería haber silbado, llamado a voces de “jefe”, “chico” o “mozo” al camarero. O quizás llevar el gorro de Capitán de barco para que se crean que soy de Mallorca y así cambie la cosa.

    Una vez me pasa eso sí. Que me vuelvan a esperan allí.

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